¿Qué está pasando en Etiopía? Esto es lo que debes saber

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El conflicto de Tigray tiene sus raíces en tensiones que se remontan varias generaciones en el pasado de Etiopía.

 

Antes de que Abiy Ahmed llegara al poder, el TPLF había gobernado Etiopía con mano de hierro durante décadas, supervisando un periodo de estabilidad y crecimiento económico a costa de los derechos civiles y políticos básicos.

 

En 2018, Abiy fue nombrado por la clase dirigente para sofocar las tensiones y traer el cambio, sin poner en peligro el viejo orden político. Pero casi tan pronto como se convirtió en primer ministro, Abiy anunció la reorganización de la coalición gobernante que el TPLF había fundado -el Frente Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), compuesto por cuatro partidos- en un único y nuevo Partido de la Prosperidad, condenando al ostracismo al TPLF en el proceso.

 

Al impulsar un nuevo partido político pan-etíope, Abiy hizo que algunas regiones temieran que el sistema federal del país que garantiza una importante autonomía a los estados étnicamente definidos, como Tigray se viera amenazado. Los líderes de Tigray se retiraron al sector montañoso en el norte de la región, donde siguieron controlando su propio gobierno regional.

 

Las tensiones llegaron a su punto álgido en septiembre de 2020, cuando los tigrinos desafiaron a Abiy al seguir adelante con las elecciones parlamentarias regionales que él había pospuesto debido a la pandemia de coronavirus. Abiy calificó la votación de ilegal y los legisladores cortaron la financiación a los dirigentes del TPLF, lo que desencadenó una serie de escaladas entre el gobierno regional y el federal.

 

El 4 de noviembre de 2020, tras acusar al TPLF de atacar una base del ejército federal en las afueras de Mekelle, la capital regional de Tigray, e intentar robar sus armas, Abiy ordenó un asalto militar contra el grupo, enviando tropas nacionales y combatientes de la región vecina de Amhara, junto con soldados de Eritrea.

 

Lo que comenzó como una operación para “restablecer el Estado de Derecho”, como afirmaba el gobierno federal, evolucionó rápidamente en masacres de una violencia excepcional, casi a puerta cerrada. Y ahora la capital federal, Addis Abeba, está amenazada de ser tomada por los rebeldes de Tigray y sus aliados del Ejército de Liberación Oromo (OLA), que luchan contra el primer ministro Abiy Ahmed.

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